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¿Por qué algunos de los nombres de lugares se traducen y otros no?

Cuántas veces nos topamos con esa pregunta: ¿por qué Londres si el original es London, pero a Southampton o Liverpool no los traducimos? ¿Por qué “Canal de la Mancha” si su original en inglés es “English Channel”?

 

 

 

 

En este artículo no voy a decir nada nuevo. Simplemente voy a referirlos a algunos sitios web de organismos con autoridad en el tema para que sepan por qué algunos topónimos se traducen y otros no y en qué se basan tales reglas.

 

Un nombre geográfico o topónimo es un nombre propio de lugar, es decir, la manera en que denominamos los lugares que nos rodean: países, ciudades, calles, pueblos, océanos, ríos, sierras, parajes, etc. Más allá de identificar los lugares que vamos a visitar en nuestras vacaciones o saber cómo se llama hoy aquel lugar de donde viene el “té de Ceilán” (el otrora Ceilán es ahora Sri Lanka), son parte de nuestro patrimonio cultural, que conozcamos los nombres geográficos oficiales, multilingües y confiables es esencial para diferentes usos (desde la planificación de estrategias de conservación al diseño de infraestructuras de servicios de distribución), y su uso en sistemas de información, motores de búsqueda o bases de datos exige nombres inequívocos y reconocibles, que no den lugar a confusión. 

 

 

 

¿Sabías que existe un Grupo de Expertos de las Naciones Unidas en Nombres Geográficos que se ocupa de proveer recomendaciones técnicas en pos de la estandarización de nombres geográficos a nivel nacional e internacional? Actualmente cuenta con más de 400 miembros provenientes de más de 100 países y se reúnen para implementar las resoluciones adoptadas por las Conferencias de las Naciones Unidas sobre la Estandarización de Nombre Geográficos que tienen lugar cada cinco años.

 

 

En cuanto al uso específico de los topónimos en español, qué mejor que consultar qué dice la Real Academia Española al respecto en su Diccionario Panhispánico de Dudas:

 

La mayor parte de las dudas sobre topónimos se plantean cuando surge la necesidad de nombrar lugares nuevos o ausentes del repertorio toponímico tradicional. A ello se añaden los cambios de denominación impuestos por las nuevas realidades geopolíticas o reclamados por los Gobiernos locales, que a menudo chocan con las denominaciones tradicionales. Muchos topónimos provienen, además, de lenguas que utilizan alfabetos no latinos o que carecen de representación escrita, los cuales han de transcribirse y adaptarse siguiendo en lo posible los usos ortográficos propios, con el fin de que su grafía refleje adecuadamente su pronunciación.

Por ello, este diccionario se ocupa también del léxico toponímico, ofreciendo orientación sobre la forma gráfica más adecuada en español de los topónimos y gentilicios cuyo uso actual presenta frecuentes vacilaciones. La selección de los registrados en el cuerpo del diccionario se ha hecho a partir de las consultas recibidas en las distintas Academias y de las listas incluidas en los libros de estilo de los principales medios de comunicación. A ellos se han añadido, en un apéndice específico, los nombres de todos los países reconocidos por la ONU, con sus capitales y gentilicios.

En el tratamiento de los topónimos se han conjugado, equilibradamente, los siguientes criterios: transcripción y adaptación de acuerdo con las normas ortográficas del español (hispanización); aceptación de grafías no adaptadas o semiadaptadas, pero asentadas en el uso; y reconocimiento de los cambios de denominación oficial, sin renunciar, cuando existen, a las formas tradicionales plenamente vigentes. Así pues, cada uno de los topónimos registrados ha recibido un tratamiento diferente de acuerdo con su adscripción a uno de los siguientes grupos:

1. Topónimos con forma tradicional plenamente vigente en español, que, no obstante, aparecen con cierta frecuencia en los medios de comunicación con nombres o grafías propios de otras lenguas. Se prefiere la forma española, a no ser que haya caído en desuso o se haya producido un cambio de denominación: Amberes (no Antwerpen ni Anvers), Ciudad del Cabo (no Cape Town), Milán (no Milano) o Nueva York (no New York).

2. Topónimos que carecen de forma adaptada al español y se emplean tradicionalmente con la grafía propia de la lengua local o con la grafía correspondiente a una lengua puente. Se respetan estas grafías, incluso en lo concerniente a su acentuación, por tratarse de formas ya asentadas en el uso: Canterbury, Ottawa, Washington o Copenhague (del inglés Copenhagen, en danés København).

3. Topónimos cuya forma tradicional en español ha caído en desuso en favor de la forma local. Se da primacía a la forma local: Ankara (antes Angora), Bremen (antes Brema) o Maastricht (antes Mastrique).

4. Topónimos con cambio de denominación oficial en favor de la forma local, pero que cuentan con una forma tradicional española plenamente vigente. Se prefiere la forma española: Calcuta (no Kolkata), Moldavia (no Moldova), Bombay (no Mumbai) o Esmirna (no Izmir). Solo en aquellos casos en que se ha producido un verdadero cambio de nombre (y no una mera reivindicación de las formas locales de este) se recomienda la nueva denominación, que debe sustituir a la anterior: Burkina Faso (antiguo Alto Volta) o Sri Lanka (antiguo Ceilán).

5. Topónimos que se emplean a menudo con grafías que responden a la transliteración o representación en otras lenguas (normalmente el inglés o el francés) del nombre local, perteneciente este, por lo general, a lenguas que utilizan alfabetos no latinos o que carecen de escritura. Se propone la adaptación de esas formas al sistema gráfico del español de acuerdo con la pronunciación más generalizada entre los hispanohablantes: Zimbabue (no Zimbabwe), Punyab (no Punjab) o Buriatia (no Buryatia).

6. En el caso de topónimos pertenecientes a lenguas que utilizan alfabetos no latinos, se recomienda la forma gráfica que resulta de aplicar las normas de transliteración de esos alfabetos al español y se reconocen, si las hay, otras grafías asentadas: Qatar o Iraq (también Irak). Las formas transcritas se acentúan gráficamente de acuerdo con las normas ortográficas del español: Shanghái, Taipéi. En cuanto a los topónimos que responden al estándar «pinyin», se prefiere, si la hay, la forma tradicional española: Pekín (no Beijing), Cantón (no Guangdong [provincia] ni Guangzhou [capital]) o Nankín (no Nanjing).

 

 

En la página de Fundéu aparece un artículo más que interesante cuya autoría es de Miguel Vidal Millán, de la Dirección General de Traducción de la Comisión Europea, en donde el autor se explaya sobre numerosos aspectos que debemos tener en cuenta al momento de traducir topónimos: http://www.fundeu.es/noticia/traducir-o-no-los-toponimos-3617/. Se los recomiendo vivamente.

 

 

Y, para terminar, me pregunto cómo pronunciar ciertos topónimos… esos laaaargos que parecen no tener fin y que, muchas veces, ¡están llenos de consonantes! ¿Saben cuáles son los más extensos del mundo? Mirá:

 

Taumatawhakatangi-hangakoauauotamatea-turipukakapikimaunga-horonukupokaiwhen-uakitanatahu

Maorí (85 letras), en la Isla Norte de Nueva Zelanda.

 

Significado:

"La cumbre donde Tamatea, el hombre de las grandes rodillas, el escalador de montañas, el engullidor de tierras que viajaba sin rumbo, tocó la flauta kōauau para su amada".

 

Formas cortas:

“Taumatawhakatangihangakoauauotamateapokaiwhenuakitanatahu” con 57 letras y “Taumata” con solo 7.

 

 

 

 

 

 

Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch

 

 

Galés (58 letras), en la Isla de Anglesey, Gales, Reino Unido.

 

Significado:

"La Iglesia de Santa María en una hondonada de blancos avellanos cerca del turbulento remolino de la Iglesia de San Tisilio con una cueva roja".

 

Formas cortas:

"Llanfair PG" con 10 letras, "Llanfairpwll" con 12 o “Llanfairpwllgwyngyll” con 20.

 

 

 

 

 

Chargoggagoggmanchauggagoggchaubunagungamaugg

 

 

Nimpuc (45 letras), un lago en Webster, Massachusetts

 

Significado:

“Lugar de pesca en la frontera – lugar de encuentro neutral”.

 

Forma corta:

Lago “Chaubunagungamaug", de 17 letras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tweebuffelsmeteenskootmorsdoodgeskietfontein

 

 

Afrikaans (44 letras), en la Provincia Noroccidental de Sudáfrica.

 

Significado:

“La fuente en donde dos búfalos fueron muertos de un solo tiro”.

 

Forma corta:

¡No tiene!

 

 

 

 

 

 

¿Y qué hay de la

Ciudad de la Santísima Trinidad y

Puerto de Santa María de los Buenos Aires”?

Pues con ese nombre la fundó don Pedro de Mendoza. ¡Por suerte con el tiempo se fue acortando! ¿Se imaginan llenar su lugar de nacimiento o residencia en un formulario con semejante topónimo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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